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lunes, 9 de enero de 2017

¡Feliz normalidad!



Si estás leyendo estas líneas es prueba irrefutable de que has sobrevivido a las Navidades 2016-17, lo cual, si eres padre o madre de niños pequeños, o tienes una cuadrilla de amigos excesivamente hedonista, tiene un mérito notable. Así que vayan por delante mis felicitaciones por volver más o menos ilesos al tiempo ordinario.
            No se me malinterprete. Me encantan las celebraciones navideñas, y ha sido grato celebrar el dosmilésimo vigésimo primer (según los cálculos más probables) cumpleaños litúrgico de Jesús. Pero también es obvio que en nuestra sociedad la vivencia de este aniversario se ha difuminado hasta justificar todo tipo de excesos, desde los consumistas hasta los etílicos y pantagruélicos, sin olvidar tampoco los sentimentales.
by CVF
            De estos últimos excesos menores querría tratar. En el entorno del 25-D todos nos solemos enternecer y desear mucha más paz y benevolencia de lo acostumbrado, e incluso nos acordamos de amigos y conocidos que tenemos un poco descuidados. Y, para compensar este olvido, recurrimos a la felicitación navideña. Antaño, al menos, nos gastábamos las pesetas en comprar un sobre y sello, y una más o menos lujosa tarjeta a todo color, con belenes o con abetos (si no queríamos significarnos demasiado), tras lo cual nos molestábamos en escribir unas cuantas fórmulas clásicas a mano, y nos dábamos el paseo hasta el buzón de correos más cercano. No es que fuera mucho como compensación, pero era algo.
            Hogaño, sin embargo, recurrimos a la tecnología para que este sentimentalismo de temporada sea aún más fácil y descomprometido. Se empieza mandando una impersonal circular por email, acaso acompañada de una estampa navideña que compense las antiguas postales, y se acaba wassapeando a la lista colectiva de direcciones un parco "Feliz Año Nuevo", o reenviando el último chiste gráfico recibido.
           Tal trivialización del parabién es acaso coherente con la trivialización de la festividad. Y es que en algunos casos el amigo o vecino bienintencionado que te dice “Si no te veo, feliz Navidad” en realidad no pretende ir más allá de desearte que no te empaches mucho con la comilona de esta noche, o que si bebes no te la pegues en la carretera.
           En fin, vuelvo al comienzo. Si es verdad que el pasado y el futuro no existen, y solo tenemos entre manos el ahora, os deseo a quienes me leéis un feliz momento presente, que se prolongue infinitamente a lo largo de este año. Y, si cabe, más allá.

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