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martes, 23 de diciembre de 2014

SOÑAR EN SERIO, DE ENRIQUE ÁLVAREZ


Con el permiso de su autor, transcribo reseña de este libro de relatos aparecida en Fábula, 36.

Soñar en serio, de Enrique Álvarez

Ed. Valnera, 2004
Lo primero que se lee de un libro es su portada. En Soñar en serio vemos un primer plano del Isaac de Caravaggio gritando a pleno pulmón —de impotencia, de incomprensión, acaso de indignación— mientras su padre Abraham está a punto de degollarle frente a una oveja que pasta en fondo gris con elegante indiferencia. La imagen remite a uno de los dieciséis cuentos del libro, “La barbacoa”, actualización de la historia bíblica, pero también nos aporta una certera aproximación al tono que nos vamos a encontrar en estos relatos inquietantes, aparentemente realistas, poblados de seres desquiciados que protagonizan tramas bien urdidas, narradas con estilo transparente y lenguaje preciso. En la mayoría de los relatos, un personaje que ha sucumbido mental o moralmente ante la presión insoportable de su vida irrumpe en la placidez existencial de otro, el narrador o el focalizador de la historia, amenazando así su existencia acomodada y desatando consecuencias imprevisibles, no siempre explícitas.
Juan Manuel de Prada, que recientemente ha dedicado toda una columna del semanal XL a este libro, adscribe a Álvarez en su misma categoría, la de “escritor católico”. Además del estatus de rara avis en el panorama literario español, me pregunto qué implica hoy ostentar este marbete. Ciertamente, la fe cristiana y la gracia son elementos temáticos del entramado de muchos relatos, pero no de un modo didáctico o edificante. Si bien los sacerdotes abundan más de lo habitual entre sus personajes –como declaró en una entrevista, le “atrae lo sagrado”— estos suelen mostrarse infelices, secularizados o abiertamente indignos. Al igual que en su obra anterior, Garabandal, La risa de la Virgen, nos encontramos ante cierto desarrollo del principio clásico de “corruptio optima, pesima”, la degradación de quien debiera ser digno es catastrófica.
Quizá, pues, lo que diferencia al escritor católico contemporáneo es su rechazo de la inanidad, de la insoportable levedad del ser, y su conciencia de la trascendencia del drama humano que cada uno representamos en esta vida. Así, las decisiones personales, los errores no detectados y no expiados, la corrupción personal ante el atractivo del mal, repercuten en nuestras vidas y en las de nuestros semejantes, y acaso en toda una eternidad. Las delicadas cuestiones morales que un escritor católico analiza y desmenuza encierran una insufrible radicalidad de fondo, aunque se planteen –como es el caso— con serenidad, innuendo y elipsis.
Mi selección personal incluiría el primer cuento, “Ángel en peligro”, en el que un psiquiatra se obsesiona con una paciente de aspecto angelical y llega a traspasar los límites de la profesionalidad; “Tres palabras de más”, sobre un periodista que afronta las consecuencias de no haber sido totalmente prudente ante su jefe; y “Un día y veinte años”, un relato dialogado que viene a arrojar luz, de un modo ingenioso, sobre otro aparecido anteriormente en el libro. También destacaría “Los ojos”, que viene a retomar una temática ya tratada en libros de relatos anteriores (El trino del diablo, por ejemplo), donde lo que ha destrozado al personaje-perdedor es precisamente la intolerable conciencia de ser un genio.
Luis Mateo Díez da una definición precisa en el prólogo: “Lo que Enrique Álvarez cuenta es siempre arriesgado, y el riesgo contiene la conmoción con que se puede leer, un riesgo que destila de la contingencia y las contradicciones en que el corazón humano se debate”. Por estos y otros motivos califica a Álvarez de “peligroso”. Sin duda, un narrador capaz de atraparte desde las primeras frases de cada relato y de mantenerte sin aliento hasta un desenlace a menudo inquietante es un peligro para nuestra complacencia.
Miguel Canterac

2 comentarios:

  1. El tema del genio autodestructivo es uno de los que destacan también en "El rostro oculto", novela del mismo autor que, si es tan buena como la recuerdo, merecería una reedición...

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  2. Para quien le interese, estoy tratando arrancar un grupo en Goodreads sobre Literatura Cristiana. Tomo nota de este libro y este blog para leer y tomar ideas (por supuesto citando). A todo el que le interese el tema le animo a participar.

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