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jueves, 24 de abril de 2014

MANUEL PÉREZ SAIZ: IMAGINACIÓN AL (SUPER)PODER


Foto UR
Ya había yo advertido a los asistentes al taller: “No sé de qué va a hablar Manuel Pérez Saiz, pero estoy seguro es de que os va a desconcertar”.  Y se cumplió. Es difícil ser tan sugerente y tan divertido a la vez y mantener el ritmo durante dos horas. No, mantener es incorrecto. El ritmo de interés hermanado con entretenimiento (muchos acabamos con agujetas de tanto reír) fue incrementándose exponencialmente a lo largo de su intervención, titulada "Los superpoderes del microrrelato".

Manuel se presentó como profesor antes que escritor. Y, en efecto, consiguió lo que solo los buenos maestros alcanzan: remover, dejar huella. De su paso por Logroño quedó, entre los que le oímos, la impronta de un convencimiento que nos transmitió con naturalidad campechana, entre anécdota y anécdota: el escritor tiene capacidad para hacer lo que le dé la real gana. Es un experimentador, un “enredador”. A pesar de que muchos aspirantes a escritor querrían llegar a vivir de ello, el no depender de la escritura para la manutención tiene innegables ventajas: te permite ejercitar al máximo las potencialidades de tu imaginación, sin tener que depender de gustos mayoritarios o modas.

Un poco de teoría: el relato breve debe ser sorprendente, impactante, capaz de remover al lector. Se pueden trazar ciertas analogías con las técnicas de la publicidad, aunque conviene recordar que el relato es una forma literaria “pura”, no busca el lucro. Debe estar inspirado en hechos reales, lo que no implica que uno despierte habitualmente ante dinosaurios, sino que hay algo en el germen del relato que el creador conoce bien. Algo que se puede exagerar o transformar, pero que le interpela personalmente. En este sentido, hay que aprovechar las numerosas oportunidades de inspiración que nos brinda la vida real. Todo vale… siempre que haya imaginación y talento, claro.
Foto UR

El relato es también muy versátil, y tiene capacidad de interpolarse en textos superiores. Manuel nos señaló y comentó ejemplos de microrrelatos insertos en el Quijote, pero también en lugares tan dispares como ciertas canciones de la “movida” ochentera. Completó su sesión poniendo deberes a los asistentes: escribir microrrelatos inspirados en unas curiosas mímicas. Si una frase que, según él, define el microrrelato es: “Eh, usted, no se me relaje”, no creo que nadie se pudiera relajar (léase “aburrir”) teniendo a semejante comunicador delante.

martes, 8 de abril de 2014

MARÍA TENA: EL CUENTO Y SU LABERINTO


A los que ya habíamos oído hablar a María Tena no nos sorprendió su particular combinación de entusiasmo, simpatía, claridad y erudición, pero tampoco nos dejó de admirar. María ha leído mucho y ha reflexionado más sobre el cuento, así que fue capaz de sembrar las dos horas (tan fugaces) de su intervención de citas, ejemplos, teorías, consejos, etc., todos bien hilvanados en un discurso coherente y puesto al día.
Sesión del 1 de abril de 2014
            Como de nuevo me veo incapaz de resumir su intervención (y acaso tampoco sea oportuno), me limitaré a destacar alguna de sus aportaciones en forma de aforismos. Cualquier inexactitud es mía y solo mía, que conste.
            –En los últimos años el cuento ha ido ganando en intensidad, despojándose de elementos superfluos. Los cuentos contemporáneos son cortos, despojados, plurisignificativos.
            –Es vital quitar lo que sobra, no dispersarse. En especial, quitar adjetivos.
            –Cualquier cuento bueno esconde algo. El arte de esconder es el fundamento del cuento moderno.
            –Sigue siendo válida la teoría del témpano de Hemingway: el cuento revela una octava parte de lo que ha sucedido. Pero tú, autor, debes conocerla íntegramente, investigando si es necesario.
            –Glosando a Chejov o a Cortázar, el cuento debe transmitir un trozo de realidad, una sensación, una síntesis de la vida y, a la vez, una vida sintetizada.
            –Escribir poesía es un buen entrenamiento para escribir cuentos.
            –El motor de un escritor es un deseo sostenido. Ya Pound decía que el esmero es la única cualidad del escritor.
            –La felicidad no es un buen tema literario. A diferencia de en la vida, en la ficción no hay quien la aguante.
            –El escritor tiene que apoyarse en su lado oscuro. Ser un poco “friki”, valga el coloquialismo, y explotar esa faceta. Y echarle muchas narices.
            –Sugerir antes que explicar. Y describir con los cinco sentidos, con imágenes, con objetos, con detalles, con símbolos.
            –La historia debe ser potente, original, extraña, inesperada.
            –El lector es inteligente. Acaso más que tú, autor.

martes, 1 de abril de 2014

ALBERTO MARCOS Y LOS DECÁLOGOS DEL CUENTO



Foto: Nacho Torres
El martes 25 de marzo de arrancó la V Edición del Taller de Crítica y Creación Literarias, y lo hizo de la mano de Alberto Marcos, editor y autor de un reciente libro de cuentos, La vida en obras, que está dando que hablar. Antes de cederle la palabra, di la bienvenida a los asistentes (caras nuevas la mayoría) e introduje el taller, repitiendo la consabida advertencia de que “esto no es Lourdes”. Seguidamente Andrés Pascual, viejo amigo de la casa, presentó al ponente. “Yo a este tío le quiero… mucho”, creo que dijo.
            Alberto se ganó a los asistentes desde el minuto cero, si bien estos demostraron pronto su excelente disponibilidad. Empezó con un breve recorrido por la historia del cuento desde sus orígenes orales, pasando por la etapa mitológica, la hagiográfica, el cuento maravilloso o el psicologismo del siglo XIX.
Reconoció que en el siglo XX y lo que llevamos del XXI ha sido empeño común de eminentes cuentistas formular decálogos definiendo las características ideales del cuento. Comentó algunos de estos postulados, en gran medida irónicos, tales como la “cima inaccesible” de Horacio Quiroga, el “aprovechar las desventajas” de Augusto Monterroso, incluso el “no leas a Cela ni a Umbral” de Bolaño, junto a otras recomendaciones de García Márquez, Ribeyro u Onetti. De todos estos decálogos, Alberto se detuvo más en el de Andrés Neuman (que nos visitó hace un año), y glosó alguno de sus consejos: “contar es saber guardar un secreto”, “narrar es seducir”, “en las primeras líneas, el cuento se juega la vida; en las últimas, la resurrección” (no son literales).
Foto: Nacho Torres
A continuación analizamos tres relatos propuestos previamente: “Un hombre bueno es difícil de encontrar”, de Flannery O’Connor, “Tanta agua tan cerca de casa”, de Raymond Carver, y “Dimensiones”, de Alice Munro. Relatos duros, acaso angustiosos, pero muy reveladores de lo que tiene que ser un buen cuento. Fluyeron las interpretaciones, muchos asistentes aportaron su propia experiencia lectora y el grado en que los relatos les habían llegado al alma. Obviamente, esta parte del taller es irrepetible e irreproducible: la especial comunión que proporciona la lectura compartida hay que vivirla.
La sesión concluyó con una propuesta de decálogo a partir de lo que habíamos comentado entre todos. El cuento debe ser concreto, preciso, sobrio. Ha de aportar indicios, pero no dar todas las respuestas. Debe hurgar en la parte oscura, pero sin destriparla. Debe descubrir lo extraordinario dentro de lo ordinario, alumbrar el misterio. Saber explotar el punto de vista narrativo, sin descuidar un cierto ritmo de acción. Y, de cara al autor, un consejo final: escribir de lo que sabemos.
            Y también como todo buen relato, la intervención de Alberto nos dejó ganas de más.