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domingo, 9 de marzo de 2014

EL DERECHO A TENER ESCLAVOS


Con ocasión de la oscarizada película “Doce años de esclavitud”, reproduzco el fragmento  de un documento histórico recientemente descubierto. Es la transcripción de una intervención en el Congreso de los EEUU pronunciada el 9 de marzo de 1807 por un representante del estado sudista de Georgia, Alfred P. Rubslave, a propósito de un proyecto de reforma de la Ley de Esclavitud (conocida oficialmente como Ley de Interrupción Involuntaria de la Libertad de Individuos de Razas Inferiores, o LIILIRI).


(Distribución de esclavos en los barcos)
"Señorías. Corren rumores de que el Congreso pretende reformar la vigente Ley de Esclavitud. Según el borrador que obra en mi poder, a partir de ahora en vez de introducir a dos mil africanos en las bodegas del barco, bien apiñados para aprovechar el espacio, solo podremos meter a mil. A mi grupo y a mí nos parece un despropósito aberrante. No sabe el Gobierno que se está enfrentando al sentir unánime de la ciudadanía. Mis esclavos me pertenecen por ley, y solo yo tengo el derecho a decidir. Algunos fanáticos ultracristianos, con los que el Gobierno parece querer identificarse, defienden la idea de que lo más humano es liberarlos. Pero este es un país laico y nadie puede imponer sus creencias religiosas o morales a los demás. La ley me concede derechos, y nadie puede decidir por mí. Sin mano de obra esclava es absolutamente imposible, insisto, imposible, mantener la economía de los estados más ricos de la Unión. Todo nuestro sistema financiero, industrial y comercial se basa en el libre trato de esclavos. Las medidas que ahora plantea el Ejecutivo supondrían un notable retroceso en la marcha del país y en los derechos de la ciudadanía. Y, en cualquier caso, los esclavos son míos, y yo con mis esclavos hago lo que quiero."

2 comentarios:

  1. Tal vez sería bueno citar la fuente original para tener más fuerza en la razón histórica.

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  2. Los derechos de los sucesores de Alfred P. Rubslave hacen de la cita de fuentes una cuestión delicada. Por cierto, ¿qué tal va el argumento ontológico?

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