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domingo, 26 de mayo de 2013

EL PERSONAJE CREA VIDA


MIENTRAS EL PERSONAJE SE ACLARA

El título de mi intervención en el taller el 14 de mayo era otro juego verbal con el calambur que utilicé en mi segunda novela (qué os voy a contar que no sepáis de ella). Pero tampoco es que hablara mucho de “mi libro”, que se dice. En la charla abordé diferentes cuestiones del análisis del personaje literario: las tres definiciones más aceptadas; las tres fuentes textuales de información sobre el personaje; los métodos textuales de definición directa, presentación indirecta (acciones, palabras, apariencia, etc.) y refuerzo por analogía (nombres, colores, ambientes, etc.); los diferentes tipos de rasgos que se pueden inferir de los métodos anteriores (de ser, de actuar, de relación, de ideología, etc.); y, finalmente, una tipología del personaje con relieve, del personaje que nos parece cercano, que se desdobla en ocho categorías (complejo, contradictorio, dinámico, etc.).

Para concretar lo anterior, analizamos algún ejemplo literario, e incluso jugamos a un par de juegos con la ayuda de algunos voluntarios de entre los participantes. Estos juegos (adivinar a qué se dedicaban los misteriosos voluntarios y alguna faceta ignota de su vida) tenían como objetivo ilustrar que el escritor que se plantea crear personajes literarios memorables tiene que ser, entre otras cosas, observador, incluso curioso, en la vida cotidiana.

by CVF
Glosé un poco el siguiente diagrama, que ilustra simplificadamente el mágico proceso literario por el cual un autor del siglo XVII puede escribir una ficción sobre un personaje femenino (Rosalinda) inspirado en una mujer conocida (Eudivigis), y los rasgos textuales que le atribuye en la obra pueden inspirar, en el curso de las diferentes generaciones de lectores, infinitas re-creaciones por parte de cada lector, que en este proceso pone en juego su memoria, su experiencia, sus lecturas… y también las personas de su entorno que conoce. Así, la Eudivigis del siglo XVII que inspiró el relato, y la mujer del siglo XXI (Vanessa) que nuestro lector contemporáneo asemeja a Rosalinda, aunque jamás han tenido relación alguna, son términos de esta especial vinculación literaria.
Como comentario marginal apunté que este fenómeno, cuando el autor vive y escribe en pequeñas ciudades, puede resultar peligroso: como cada lector es libre de hacer sus asociaciones, muchos pueden imaginarse que ciertas personas, o incluso ellos mismos, han sido objeto de retrato en la ficción. Con mi Calle Menor (Sial, 2004) experimenté tales riesgos. Ambientada en un contexto universitario y cultural de pequeña capital, en seguida me surgieron candidatos para modelos de los personajes, algunos con pretensiones anacrónicas o incoherentes. Personas del ámbito literario local me retiraron el saludo, en el seno de mi universidad hubo quienes la leyeron con la idea de encontrar compañeros representados, y pronto me vinieron a ver diferentes candidatas que creían haberse visto retratadas en mi protagonista, la inocente Oria. Yo fui el principal sorprendido por esta autonomía de la imaginación lectora. Por el contrario, reivindico que el autor tiene que disponer de una libertad absoluta para crear personajes como desee, a menudo sin saber siquiera de dónde ha obtenido su material.


AHORA TE TOCA A TI
La sesión de Rocío Arana, celebrada el 21 de mayo, consistió en comentar los relatos de los alumnos del taller que voluntariamente había enviado previamente sus trabajos.
Foto: Ascen Jiménez
 Arana destacó el alto número de temas truculentos tratados en los relatos –prostitución, suicidios, canibalismo…–, y advirtió de la necesidad de construir relatos equilibrados en su tono, en los que haya “sol y sombra”.  También evidenció la necesidad de cuidar la lengua, tanto en el nivel semántico –no excederse en el uso de coloquialismos y cuidar la adjetivación–, como en el ortográfico –acentuación y puntuación.
 En los textos comentadoss encontramos autores capaces de crear inicios sugerentes que despiertan el interés del lector, personajes bien definidos, finales abiertos, golpes de humor, distintos registros de habla, imágenes plásticas, atmósferas bien creadas, etc. En conclusión, todo un abanico del buen hacer que habla de escritores con mucho que contar.

domingo, 19 de mayo de 2013

Documentar la novela negra: Reyes Calderón


DOCUMENTAR LA NOVELA NEGRA
El martes 7 de mayo  tuvimos la suerte de contar en el IV Taller literario con Reyes Calderón, autora de novelas de intriga y reciente ganadora del “Premio Abogados de Novela” con El jurado número 10.
Un consejo: quien tenga la oportunidad de escuchar a Reyes Calderón, que no la pierda. Es una persona llena de sorpresas. La conocí el mismo día de su charla. Uno de los asistentes la había escuchado el año pasado y me recomendó que la invitara. Pero yo no sabía qué persona me iba encontrar. Toda una decana de la facultad de Empresariales de la Universidad de Navarra, madre de familia numerosa, escritora de éxito… Por algún motivo, me imaginé que sería una señora un tanto distante. Pero me equivoqué, Reyes transmite entusiasmo y cercanía, una cierta dosis de ánimo juvenil no exento de temeridad aventurera y un convencimiento de las posibilidades de la imaginación para crear mundos y resolver problemas.
Es difícil resumir los contenidos de su intervención de dos horas y media. En la primera parte, Reyes trató de la creatividad en general, nos animó a no ponernos límite, convencida de que todos tenemos alma de artista, si bien cada uno debe encontrar en qué faceta la puede desarrollar mejor. Glosó las características que debe tener todo artista: una enorme curiosidad —aunque conlleve un coste—; ilusión —“caerse siete veces, levantarse ocho”—, la búsqueda de nuestra propia verdad; y el esfuerzo —declaró que escribe ¡veintiocho versiones por página!
A continuación desarrolló la comparación de la escritura como viaje. Al igual que el viajero se plantea en primer lugar a dónde quiere ir, antes de comenzar a escribir hay que tener claro de qué se quiere hablar y qué se quiere contar, teniendo en cuenta que son conceptos diferentes. Y si no sabemos de qué hablar, salgamos a la calle a escuchar conversaciones, a observar a la gente, o vayamos a una biblioteca a descubrir libros al azar (como hace ella).
La segunda pregunta del viajero es: “¿Quién me va a acompañar?”. De igual modo, debemos conocer a fondo a nuestros personajes, ver qué les falta y qué les sobra e ir revelándolos poco a poco por medio de sus acciones. La tercera, el vehículo: una trama y subtramas sólidas, “sin huecos”, bien documentadas, enriquecidas por las “serendipias” o hallazgos casuales, y con un desenlace que satisfaga las principales preguntas que se le han ido planteando al lector.
Quizá de su larga charla destacaría el énfasis con que defendió la necesidad de que el novelista se documente sobre su material. Para Reyes Calderón es un deber con los lectores darles una información cabal y verosímil, y reconstruir para ellos los diversos ambientes con conocimiento de causa. En este sentido, nos reveló alguno de sus recursos. Por ejemplo, pedir consejo a diversos profesionales relacionados con la materia. En su género, la novela negra, ha conocido a varios abogados, jueces, policías, forenses, etc. con ocasión de pedirles asesoramiento. También nos contó que en ocasiones ha aprovechado viajes de trabajo a diversos países para escaparse de madrugada a conocer de primera mano los barrios conflictivos donde piensa ubicar alguna escena, para saber “a qué huelen” y qué tipo de personas los habitan. Esa curiosidad hermanada con el perfeccionismo la ha llevado a perseguir metas ambiciosas: por ejemplo, para una novela futura ha conseguido entrevistarse con miembros de servicios secretos extranjeros, aunque le haya costado dos años de gestiones
            En fin, lo dicho: el que tenga la oportunidad de escuchar a Reyes Calderón en una charla o presentación, que no la desperdicie.

miércoles, 8 de mayo de 2013

CÓMO DIRIGIRSE A UNA EDITORIAL

CÓMO DIRIGIRSE A UNA EDITORIAL: PABLO MAZO

El martes 30 de abril intervino en el taller literario Pablo Mazo, editor de Salto de Página. Esta editorial ha conseguido abrirse un hueco entre la literatura de calidad y crecer, a pesar de apostar por dos valores a priori nada rentables: los autores hispanos y los emergentes.
Fotos: Ascen Jiménez

En las pasadas ediciones, las sesiones protagonizadas por editores han tenido ciertas dificultades para ocupar las dos horas y media que dura cada una. Sin embargo, Pablo Mazo se las arregló para desarrollar un coloquio muy fluido, en el que los asistentes plantearon sus muchas inquietudes hasta el último minuto. Con su tono sereno y su claridad expositiva, dejó claro desde el comienzo que hacerse un hueco en el mundo editorial es una tarea muy complicada en la situación española actual; y aún más difícil lo tienen los autores de cuentos. Sin embargo, animó a todos a intentarlo.
Una vez que el escritor ha concluido su obra, comienza una labor ardua: darla a conocer. Para ello, en primer lugar, debe distinguir y apostar por uno de estos conceptos: la edición, la coedición y la autoedición, teniendo en cuenta las incompatibilidades que puedan existir entre ellos. Así, el hecho de que un autor novel se haya autoeditado, en papel o en internet, supone un obstáculo si más tarde se propone ofrecer esa misma obra a un editor “tradicional”, aquel que se compromete mediante contrato a publicar y difundir la obra sin exigir un pago previo, participando de los porcentajes de venta. En efecto, esos 100 ó 200 ejemplares que el autor puede haber vendido previamente entre sus familiares y amigos pueden inclinar la balanza desfavorablemente.
Hoy en día las tiradas medias se han reducido de modo notable. Lo normal es que se lancen entre 1000 y 3000 ejemplares de cada título de novela. A su juicio, un proyecto empieza a ser económicamente rentable a partir de una venta de 600 ó 700 ejemplares.
El autor en busca de editor debe realizar antes una concienzuda labor de campo, nunca mandar indiscriminadamente el manuscrito a editoriales o agentes. Se requiere hacer un estudio previo para conocer las líneas editoriales que se ajustan a su proyecto, y enviar la prouesta exclusivamente a ellas. Tal propuesta incluye, en un primer contacto, una carta de presentación, escueta y sencilla, acompañada de un currículum literario y de una sinopsis que exponga los puntos fuertes de la obra y el público al que va dirigida. Tal sinopsis no equivale a la habitual de las contraportadas: debe evitar grandiloquencias, frases del tipo de “gustará a todo el mundo”, o comparaciones desmedidas con los bestsellers del momento.
Para concluir, leimos algunas propuestas hipotéticas (o no tanto) de los asistentes, y Pablo Mazo nos orientó, con discreción y buen humor, sobre el tono adecuado para dirigirse a una editorial.