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domingo, 28 de abril de 2013

ANDRÉS PASCUAL Y RUBÉN ABELLA: BEST SELLERS Y ESPACIO NARRATIVO


Paso a sintetizar las dos últimas sesiones del IV Taller, las del martes 16 de abril y el martes 23 (Día del Libro). Ambos ponentes, Andrés Pascual y Rubén Abella, comparten varios factores comunes, además de ser de la misma quinta (año más o menos). Por un lado, son cuatripitidores en nuestros talleres, es decir, han impartido su saber durante cuatro años consecutivos, y ambos han estado entre los favoritos de los asistentes, a juzgar por las encuestas realizadas al término de cada edición. No en vano, ambos son extraordinarios comunicadores, cada uno a su estilo, y son capaces de hablar durante las dos horas y media que duran las sesiones sin que la tensión y el interés decaiga, antes bien van in crescendo. Por otro lado, ambos compaginan la escritura con otras habilidades artísticas, la música en el caso de Andrés, la fotografía en el de Rubén. Ahora también comparten grupo editorial, Planeta, pues Rubén lleva publicando en Destino desde que quedó finalista del Premio Nadal en 2009, y Andrés ha publicado su último título en la editorial que da nombre al grupo.
Una diferencia, sin embargo, estriba en el desigual tratamiento informativo que ha recibido la visita de Rubén Abella, quien inexplicablemente no parece atraer el interés de la prensa. Por ejemplo, por cuarto año consecutivo el diario riojano de más tirada ignoró por completo la presencia del último finalista del Nadal en nuestra ciudad. Que alguien me lo explique.

ANDRÉS PASCUAL: “TODA MI VIDA HE INTENTADO ESCRIBIR UN BEST SELLER”
Andrés comenzó expresando su reparo de que la charla ya sonara conocida, pero a medida que hablaba se fue adaptando a las expectativas del público y fue derivando por senderos inéditos. Habló sin complejos de lo que él quiere: ser leído por muchos para tener la oportunidad de compartir con un gran número de lectores las numerosas experiencias que ha vivido en sus viajes y su forma de entender el mundo.
Fotos: Ascen Jiménez
Y, aunque no hay fórmulas secretas para crear un best seller, nos fue desgranando sus elementos esenciales: entremezclar tendencias literarias (la novela histórica, la sentimental, la de aventuras, etc.); crear personajes atractivos que muestren “los sentimientos más puros pero también los más deleznables” para que el lector se vea reflejado en ellos; la intriga siempre dosificada; el tono positivo; los capítulos cortos con un final que marque un cambio de ritmo; etc.
Además, debe tenerse en cuenta que todos estos elementos deben estar al servicio de la historia, porque ella es la gran protagonista. El escritor debe saber meter la tijera sin complejos y sin angustia, para desterrar todo lo que pueda resultar superfluo. Sin una buena historia, no hay novela comercial. Como tampoco la habrá con un estilo muy recargado: el lenguaje tiene que ser claro pero con calidad, ya que “se puede hacer mucha belleza con la simplicidad”.
Y todo esto (y otros muchos temas) los trató Andrés como él es: con su alma de músico y su corazón animoso y transparente.

RUBÉN ABELLA: “LA NARRATIVA ES EL ARTE DE LOS DETALLES”
El título de sus sesión fue: “El espacio narrativo: un personaje inesperado”. A través de numerosos textos fundamentales (“Meridiano de sangre” de Cormac McCarthy, “Pedro Páramo” de Juan Rulfo, “Mientras agonizo” de William Faulkner, etc.), demostró que un escritor no puede pasar de puntillas sobre el espacio de su novela, sino que debe recrearlo ofreciendo todos los detalles que sean útiles para la historia.

Y es que el espacio determina a los personajes y crea tensión dramática a través de tres vías: el personaje lucha contra la naturaleza (elementos tales como la oscuridad, la noche, la lluvia, un río, etc.); el personaje llega a lugares desconocidos (un inmigrante que llega a un país extraño, por ejemplo); y la ironía dramática (un entorno que da una imagen ambigua de un personaje o crea malentendidos).
Los espacios narrativos generalmente se crean mezclando lugares reales con inventados. Ambas opciones tienen inconvenientes: un lugar concreto limita mucho la imaginación, pero crear un mundo inventado con coherencia interna supone una tarea muy compleja. En cualquier caso, es preciso concretar mucho los detalles que definen un entorno, no basta con generalidades; hay que enumerar, seleccionar e integrar los detalles en una historia. Ahí radica el arte.
Rubén Abella empleó los últimos momentos de la charla para resaltar la tarea final del escritor, un ser que “miente más que habla”: inventamos sitios, personajes, tramas, etc., pero es importante arrojar un poco de luz sobre el caos que es vivir. La literatura trata de que lo que uno siente en la vida real se transmita al lector, trata de conmover (palabra clave).

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